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Artículo: Inspiring Women – María Ramos: Cuentos de Hadas, Criaturas del Bosque y el Arte del Asombro

Inspiring Women – María Ramos: Fairy Tales, Forest Creatures And The Art Of Wonder

Inspiring Women – María Ramos: Cuentos de Hadas, Criaturas del Bosque y el Arte del Asombro

Hoy, el barco del Capitán Don Fisher navega hacia un universo lleno de criaturas amables, bosques silenciosos y pequeñas escenas donde la fantasía parece convivir con lo cotidiano. Nos hace muchísima ilusión dar la bienvenida a María Ramos, ilustradora y autora capaz de transformar setas, flores, conejos y diminutos personajes en historias cálidas y profundamente sensibles.

María, tu trabajo transmite una sensibilidad muy especial, como si cada ilustración escondiera una pequeña historia o un recuerdo. Nos encantaría volver al principio contigo: ¿cómo nació tu vínculo con la ilustración y en qué momento sentiste que este universo creativo podría convertirse en tu camino?

Siempre me ha gustado dibujar. De pequeña hacía pequeños cómics; recuerdo que tenía un libro que te enseñaba paso a paso a dibujar personajes. Pasaba muchísimo tiempo en casa dibujando y copiando aquellos dibujos; de hecho, era una de mis formas favoritas de jugar.

Aunque más adelante estudié ciencias, cuando llegó el momento de elegir mi camino profesional decidí estudiar Bellas Artes. Allí descubrí muchas disciplinas y enfoques más técnicos, pero hubo una asignatura en particular, Ilustración, que me interesó especialmente. Fue entonces cuando me di cuenta de que, además de disfrutar dibujando, lo que realmente me apasionaba era contar historias.

Creo que ese fue el momento en el que vi claro que quería dedicarme a la ilustración: entendí que podía unir las dos cosas que más me gustaban, el dibujo y la narración, y contar pequeñas historias a través de las imágenes.



Tu libro “Tres Luces” ha recibido un reconocimiento increíble, siendo seleccionado entre los mejores del mundo en Bolonia y comparado con universos tan mágicos como los de Hayao Miyazaki y Tove Jansson. ¿Qué significó para ti crear esta historia y descubrir que había conectado de una forma tan profunda con tantos lectores?

Cuando empecé a pensar esta historia, en realidad la imaginaba como un álbum ilustrado. Pero a medida que iba desarrollando la trama, me di cuenta de que necesitaba más espacio para crecer y de que tenía una estructura más clásica de novela. Lo hablé con mi editora y ella me animó a probar este formato.

Era la primera vez que hacía algo así y estaba tan centrada en el libro que nunca pensé demasiado en si iba a funcionar o no. Simplemente disfruté del proceso.

Por eso, la acogida que tuvo fue una sorpresa muy bonita, y lo sigue siendo a día de hoy. Me emociona mucho cuando un niño, o su familia, me escribe para contarme la relación que ha creado con la historia. Una de las cosas que más me gusta escuchar es que, aunque a priori pueda parecer un libro largo para ciertos lectores, encuentran la manera de entrar en él y disfrutarlo. El hecho de que esté dividido en capítulos les ayuda a avanzar poco a poco sin que se les haga muy pesado.

También me ha servido para cuestionarme algunas ideas preconcebidas sobre lo que supuestamente corresponde a cada edad. A veces parece que todo está muy clasificado, pero los lectores siempre te sorprenden. Este libro me enseñó que merece la pena confiar en la historia que quieres contar y no dejarse limitar demasiado por las etiquetas o los formatos establecidos.




En tus ilustraciones aparecen constantemente pequeños personajes y criaturas entrañables: ranas, conejos, orugas, gnomos o setas que parecen tener vida propia. ¿De dónde nace esa fascinación por construir mundos tan tiernos y llenos de imaginación?

De pequeña me encantaba inventar historias y pensar que podían existir pequeños mundos escondidos dentro del nuestro. Creo que esa forma de mirar las cosas no la he perdido del todo. La fantasía te permite hablar de cosas complejas de una manera más sencilla y cercana.

Ahora mismo, además, me estoy acercando cada vez más al mundo de los cuentos de hadas en los proyectos que estoy haciendo. Es un lugar al que he llegado poco a poco, después de muchos años haciendo álbumes ilustrados, y es algo que estoy explorando.



La naturaleza parece estar muy presente en todo lo que haces: paisajes, flores, bosques, el mar o pequeños detalles encontrados durante un paseo. ¿Qué papel juega el mundo natural dentro de tu proceso creativo y emocional?

Creo que viene de la naturaleza, que siempre ha estado muy presente en mi vida. Mi familia tiene animales y desde pequeña he estado muy conectada al campo. He visto cómo mi abuela hacía queso, cómo se daba de comer a las vacas y a las ovejas, o cómo se recogían los huevos de las gallinas. Son recuerdos que aparecen mucho en mis historias.



Aunque trabajas en formatos muy distintos, desde libros ilustrados hasta proyectos más editoriales o colaboraciones comerciales, tu universo visual siempre se siente coherente y reconocible. ¿Cómo consigues mantener esa identidad tan personal en cada proyecto?

La verdad es que no pienso demasiado en mantener una identidad concreta. Creo que simplemente dibujo las cosas que me gustan y que me interesan, y al final eso hace que haya cierta continuidad entre unos proyectos y otros.

También tengo la suerte de dedicar mucho tiempo a proyectos personales, que son los que más marcan mi forma de trabajar. Y cuando hago colaboraciones o encargos, normalmente me buscan precisamente por ese trabajo previo. Las referencias que me dan son mis propias ilustraciones. Eso hace que, aunque esté trabajando para alguien o en un contexto diferente, no sienta que tengo que convertirme en otra persona o trabajar de una forma completamente distinta. Puedo seguir haciendo las cosas de una manera bastante natural.



Además de ilustrar, también impartes talleres de escritura para dibujantes y dibujo mágico. ¿Qué es lo que más disfrutas de compartir tu proceso creativo con otras personas?

Además de los talleres, estuve cinco años dando clases en el grado de Ilustración en Madrid, y una de las cosas que aprendí durante ese tiempo es que enseñar también te obliga a seguir aprendiendo. Cuando tienes que explicar algo, tienes que reflexionar sobre tu propio proceso, investigar y preguntarte por qué haces las cosas de una determinada manera.

Pero, al mismo tiempo, nunca he entendido las clases o los talleres como algo en lo que una persona habla y las demás escuchan. Para mí siempre ha sido más un diálogo. De hecho, he aprendido muchísimo de los alumnos y de las personas que participan en los talleres.

Lo que más disfruto es acompañar a alguien en el desarrollo de su proyecto personal, actuando más como tutora. Me interesa más orientar o hacer preguntas que decirle a alguien lo que tiene que hacer. Creo que cada persona tiene una manera distinta de contar historias y lo bonito es ayudarla a encontrarla.

Y también está la atmósfera que se crea. Dibujar suele ser una actividad bastante solitaria, así que reunir a varias personas con las mismas ganas de crear genera una energía muy especial. Aunque solo sea durante unas horas, sales con más ganas de dibujar y de seguir trabajando en tus propios proyectos.



Tus ilustraciones tienen algo muy espontáneo y libre, pero al mismo tiempo se percibe muchísima sensibilidad y detalle. ¿Cómo es normalmente tu proceso de trabajo? ¿Sueles combinar técnicas tradicionales y digitales de una manera intuitiva?

Es curioso, porque mucha gente me dice que mis dibujos parecen muy espontáneos y que debo dibujar muy rápido, pero en realidad soy bastante lenta. Tengo una línea muy suelta, pero repito mucho los dibujos y los trazos hasta que encuentro algo que me convence. No sabría explicar exactamente qué es, pero hay un momento en el que siento que la imagen funciona. Y si no llega ese momento, sigo dibujando y probando.

Con los años sí que he ganado agilidad y encuentro antes las composiciones o las figuras que estoy buscando, pero el proceso sigue siendo bastante parecido.

En cuanto a las técnicas, depende mucho del proyecto. Mis últimos libros están hechos completamente con técnicas tradicionales, sobre todo con rotuladores de alcohol. Ahora, para el siguiente proyecto, voy a probar a mezclarlos con acuarela, lápices de color o pastel para ver qué ocurre.

También he trabajado combinando dibujo manual y herramientas digitales. La línea siempre está dibujada a mano. Después lo escaneo y lo monto todo en Photoshop, casi como si hiciera un collage, utilizando texturas y cartulinas reales escaneadas. Es una forma de trabajar basada en masas de color y en la composición.

Cada libro o cada proyecto es una pequeña escuela. Siempre terminas aprendiendo algo que te llevas al siguiente. Por ejemplo, con algunos de mis libros aprendí muchísimo sobre composición y color, y son cosas que siguen acompañándome hoy cuando empiezo algo nuevo.



Y para terminar nuestro viaje contigo, María: ¿qué le dirías a quienes están empezando en el mundo de la ilustración y todavía están buscando una voz propia dentro de todo el ruido creativo que existe hoy en día?

Les diría que intenten no preocuparse demasiado por hacer lo que se supone que tienen que hacer.

Cuando yo empecé, el tipo de dibujo que hacía no era lo que más se veía en las editoriales infantiles de aquel momento y pensaba que iba a ser muy difícil publicar. Pero seguí dibujando las cosas que me gustaban, haciendo fanzines, yendo a festivales de autoedición y compartiendo trabajo con otros dibujantes, haciendo proyectos colectivos. Conocer a gente es importante, porque te das cuenta de que no hay una única manera de hacer las cosas y de que muchas de las dudas que tienes las comparte todo el mundo.

También creo que está bien permitirse cambiar. A veces empiezas pensando que quieres una cosa y que esa meta es inamovible, y luego descubres que te interesa otra. No pasa nada.

Y poco más: dibujar mucho, hacer cosas que te apetezcan, juntarte con gente con la que compartas intereses y disfrutarlo todo lo posible. Parece una tontería, pero creo que es bastante importante.



Estamos profundamente agradecidos de haber podido adentrarnos en el universo íntimo e imaginativo de María y en las reflexiones que recorren su trabajo. Su manera de confiar en cada historia por encima de cualquier etiqueta o formato, la paciencia con la que repite un trazo hasta que simplemente siente que funciona, y su capacidad de convertir una seta, una rana o un recuerdo del campo de su abuela en algo genuinamente tierno hacen que su obra resulte profundamente inspiradora. Estamos deseando descubrir hacia dónde la lleva este nuevo acercamiento a los cuentos de hadas.

A nuestros lectores, os animamos a seguir a María en Instagram y a estar atentos a sus próximos proyectos. Sin duda, quedan muchos pequeños mundos todavía por imaginar.

Entrevista realizada por Agostino Lo nardo, parte de la tripulación de Don Fisher.

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